Desde los inicios de la democracia en nuestro país se planteó que la batalla que se debía ganar era la de la educación. Hoy, casi cuarenta años después, seguimos a la cola de los países de nuestro entorno en los informes internacionales. Nuestro sistema educativo no es de calidad ni consigue aportar la equidad suficiente para superar las desigualdades del alumnado.

Ante ese panorama, para nuestro niño o niña… ¿Apostamos por la enseñanza pública o por la privada? Bueno, la privada está fuera del alcance de casi todo el mundo por sus elevados precios. Las élites seguirán formándose en centros muy por encima de las posibilidades de los hijos e hijas de la gente de la calle. A pesar de ser una inversión en formación, realmente no es posible hacerla en la mayor parte de los casos. ¿Y si lo hacemos por el modelo mixto, esto es, la enseñanza concertada?

Desde hace años dirijo un centro público de enseñanza secundaria en Andalucía con más de 750 alumnos y alumnas, 31 unidades y más de 60 trabajadores. Si la pregunta se hace en el IES la respuesta está clarísima: debemos apostar por la pública sin dudarlo ni un segundo. Pero tras esa declaración corporativa no lo tengo tan claro. Analicemos los argumentos que he oído en estos años.

El profesorado de la concertada no ha pasado por la criba de las oposiciones y, por ello, es de menor calidad. Esto es una falacia. Nuestro sistema actual de selección está basado en un aprendizaje memorístico de una serie de temas que hay que desarrollar en cuatro horas y media junto con una aplicación de esos conocimientos. Se le añade una explicación de una hora sobre qué se haría durante el curso. Después prácticas de un año para los ‘mejores’. El problema es que no se tiene en cuenta el concepto mismo que de la enseñanza se tiene, ni la implicación de la persona, ni el trabajo en equipo, ni la empatía profesional…

A la diversidad del profesorado público responde la concertada con la uniformidad de modelo educativo y los valores. Nuestra sociedad es plural, democrática y tolerante; el alumnado debe aprender a moverse en ese contexto pero en su etapa formativa no viene mal una línea clara de trabajo y conducta.

El segundo argumento es el dinero. No se debe invertir en la concertada. El Estado debe gastar todos sus recursos en la pública. A priori parece claro, pero es que la concertada sale más barata, pues sólo se cubren los gastos de profesorado y no de limpieza (recientemente estamos contratando empresas externas para ello en lugar de trabajadores de plantilla), de mantenimiento o de mobiliario. A todas luces sale más rentable concertar plazas que crearlas. Además de lo anterior, se plantea que ese dinero falta en la pública. Cierto, pero, como acabamos de ver, las plazas que faltarían superan al dinero que se destinaría a ellas. Quizás se apueste por un sistema más masificado todavía.

Poder ‘elegir centro’ para las clases bajas y medias es una posibilidad que se abre con la escuela concertada, aunque la admisión se regula por el sistema de puntuación donde prima la cercanía y la familia en el centro. Lo que está claro es que la privada no sería asequible para el ‘vulgo’, entre los que me incluyo.

Para terminar sería aconsejable repasar dónde fueron a estudiar los hijos de nuestras cabezas pensantes defensoras de lo público: los vástagos de Moratinos y Valenciano (ministros con Zapatero) en el Everest Monteclaro con cuotas superiores a los 1.000 euros mensuales; la hija de José Bono al San Patricio en Toledo; Ana, la hija de Miguel Boyer fue al St Anne´s de unos 1.300 euros mensuales; Ángeles González Sinde llevó sus hijos al colegio concertado Montserrat,… y así se puede seguir.

¿Realmente pensamos que se trata de una opción de conciencia, de valores o de libre elección? Creo que cada uno debe buscar lo que cree mejor para sus hijos dentro de los valores de la Constitución. En esa línea, y no en otra, entiendo el concierto educativo.

*Rafael Vergara Gutiérrez es profesor de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia desde hace más de quince años. Ha trabajado ocupando diferentes cargos como Jefe de Departamento, Secretario de Instituto, Presidente de tribunal de oposiciones y en la actualidad es Director en el IES La Campiña de Arahal (Sevilla). Prepara, asimismo, a opositores a profesor de secundaria en Andalucía y coordina el programa de Master de Educación Secundaria en el IES que dirige.